Resulta irónico
que, para librarse de la tecnocracia europea que durante años fue
objeto de machacona chanza por parte de los voceros del Brexit, Reino
Unido se encuentre ahora enredado en una maraña burocrática
sin precedentes. “Estamos ante el trabajo más intenso al que se ha
enfrentado nunca en la historia reciente un cuerpo de funcionariado
occidental”, explica un alto cargo metido de lleno en el proceso.
“Ahora mismo estamos mapeando cada sector y subsector de la
economía británica, región a región, ciudad a ciudad, estudiando
cada regulación. No hemos hecho nada así en la vida. Toda la
administración está metida en ello, en mayor o menor medida”.
Para hacerse una idea de la magnitud de la tarea, hay que aclarar que
se refiere solo a los prolegómenos: habla apenas del trabajo previo
a la negociación de la ruptura propiamente dicha, que la primera
ministra ha prometido abrir dentro de, cómo máximo, cuatro meses.
Las alarmas saltaban
esta semana cuando The Times publicaba una circular
supuestamente dirigida al Gobierno, fechada el 7 de noviembre y
elaborada por una consultoría externa. Según esta, los diferentes
departamentos de Whitehall —como se conoce al funcionariado del
Gobierno central— están en la actualidad trabajando en más de 500
proyectos relacionados con el Brexit y sería necesario
contratar a 30.000 funcionarios más para hacer frente al volumen de
trabajo requerido. Se trata de una cifra sorprendente, teniendo en
cuenta que el personal entero de la Comisión Europea, toda su
vilipendiada burocracia, asciende a 33.000 personas, según datos
oficiales. El Ejecutivo se apresuró a negar la autoridad al
documento filtrado.
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